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domingo, 9 de diciembre de 2012

Una apuesta sucia y tóxica

DIVERSOS ESTUDIOS REVELAN LOS IMPACTOS DE LA FRACTURA HIDRÁULICA 

El peligro de polución en el agua y el aire es un hecho. En algunas poblaciones de EE UU, la contaminación del agua doméstica les obliga a adquirirla fuera.
La única experiencia que se tiene con la fractura hidráulica o fracking hasta el momento es la de EE UU. Los casos de contaminación de acuíferos, vertidos, accidentes, etc. se cuentan por miles en los diez años que lleva la fiebre por la extracción del gas no convencional en ese país. Un informe del Parlamento Europeo cuestiona si la inyección subterránea de productos químicos tóxicos debería ser prohibida, ya que “tal práctica podría restringir o excluir cualquier uso posterior de la capa contaminada, pues los efectos a largo plazo no han sido investigados”.

Quizá la más llamativa sea la contaminación de aguas subterráneas por metano. Impresiona ver en el documental Gasland cómo el agua del grifo de casas cercanas a explotaciones sale burbujeante y turbia y, cuando se acerca un mechero, arde. La industria se empeña en decir que el origen de este gas es natural. Pero un estudio de 2011 de la Duke University de Durham (Carolina del Norte) ha demostrado que las contaminaciones de metano en viviendas cercanas a pozos de los estados de Nueva York y Pensilvania tienen su origen en las explotaciones de gas de pizarra. El caso más grave conocido fue el de la explosión de una casa por contaminación de metano de las cañerías y el sótano en el estado de Ohio, recogido en el Informe del Parlamento Europeo. 
Pero los problemas no acaban ahí. Los productos químicos que lleva el líquido de fractura han generado múltiples contaminaciones de las aguas potables en numerosos estados norteamericanos. Además, una vez inyectado el fluido, una gran parte de éste retorna a la superficie recogiendo gran cantidad de metales pesados y partículas radiactivas que antes se encontraban en el subsuelo. En 2009, la Agencia de Protección Ambiental de Wyoming realizó un estudio del agua potable a petición de los habitantes en el pueblo de Pavillon, encontrando químicos (bencenos, formaldehídos y otros) en 11 de los 39 pozos analizados. El fluido de retorno se almacena en grandes balsas, que más de una vez se han desbordado debido a lluvias copiosas, provocando graves contaminaciones en las tierras adyacentes y en aguas superficiales, ríos y estanques.
Además el consumo de agua es tremendo: por cada plataforma se utilizan miles de toneladas, cantidades que compiten con las necesidades locales de agua potable, ya que el agua se suele extraer de los acuíferos cerca de explotaciones.
La contaminación del aire es otro de los grandes problemas. Durante el proceso se producen inevitablemente fugas de gas natural, que es 20 veces más potente que el dióxido de carbono como gas de efecto invernadero. La industria gasística habla del gas de pizarra como un combustible limpio, pero un informe de la universidad de Cornell adjudica al gas natural un impacto superior al del petróleo o el carbón en términos de gases de efecto invernadero. El caso mejor estudiado sobre el impacto en la calidad del aire es el de Fort Worth (Dallas), una ciudad de 750.000 habitantes. Según un estudio de la Southern Methodist University de 2008, la extracción de gas de pizarra generaba más smog [niebla tóxica] que todos los coches, camiones y aviones de la región de Dallas-Fort Worth, una conurbación de más de seis millones de habitantes. Un detalle que o desconocía u omitió Patxi López.

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