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viernes, 7 de diciembre de 2012

Germen revolucionario en la región del gas de esquisto

El resultado de la votación de 80.000 habitantes de Longmont (Colorado, EE.UU) realizada el pasado 6 de noviembre ha despertado menos ecos que la reelección de Barack Obama. Señala sin embargo el comienzo de una revuelta ciudadana contra la explotación de gas de esquisto, que podría complicar la estrategia energética del presidente que cuenta con las enormes reservas de gas del país para alcanzar una de las promesas básicas de su campaña: la independencia energética de los EE.UU. en 2030.
El mismo día y al mismo tiempo que se elegía presidente, los electores de esta ciudad residencial ubicada al pie de las montañas Rocosas también estaban invitados a pronunciarse sobre una propuesta que prohibiría la fracturación hidráulica (fracking) en el territorio de esa comuna. Esta técnica, la única que hoy en día permite explotar el gas de esquisto consiste en romper las rocas del subsuelo, inyectando a alta presión agua mezclada con arena y otros productos químicos con el objeto de extraer el gas. Tales perforaciones conllevan el riesgo de contaminación de las napas freáticas y arrojan importantes cantidades de gas metano a la atmósfera.
En Longmont los 500 millones de dólares invertidos por las compañías gasíferas en una campaña de correo electrónico y de publicidad destinada a convencer a la población de la inocuidad de esa tecnología creadora de empleos y a derrotar al referéndum en su propio origen no han sido suficientes: por un 59% contra un 41% los habitantes aprobaron la prohibición. 
Desconocimiento de los hechos
Esta votación “ignora nuestra crucial necesidad de gas y sus derivados para producir electricidad y responder a las necesidades del comercio y de los transportes”, replicó la asociación de productores de gas de Colorado, mientras siete antiguos alcaldes de la ciudad han fustigado “las acusaciones sin fundamento sobre la salud y la seguridad de nuestra comunidad” denunciando la “guerra al fracking” llevada a cabo por los militantes con desconocimiento de los hechos. Los productores se preparan para elevar su reclamo para impedir los derechos de perforación que obtuvieron en la ciudad. Pretenden así reclamar al municipio indemnizaciones para los propietarios de los terrenos involucrados.
Pero no solo los industriales están preparando la contraofensiva. El gobernador (demócrata) de Colorado, John Hickenlooper, amenaza con demandar ante la justicia a la ciudad de Longmont con el argumento de que solo el Estado tiene derecho a reglamentar las perforaciones. Es necesario agregar que en su campaña electoral de 2010, el antiguo geólogo de una compañía de perforaciones recibió 76.441 dólares de una compañía gasífera, de acuerdo con la declaración pública de contribuciones recibidas.
Del otro lado los opositores al gas de esquisto festejan y se alegran por este “levantamiento ciudadano”. Su movimiento comenzó en 2011, cuando hubo que realizar una perforación próxima a un colegio y a un lago preferido por los bañistas. El llamado de alerta surgió luego de conocerse un estudio de la Universidad de Colorado según el cual los habitantes de un radio de media milla (895 m.) de distancia de un lugar de fracturación hidráulica están expuestos a los desechos tóxicos cinco veces más de lo permitido por las normas. Se reunieron rápidamente 8.200 firmas para solicitar que la decisión de la prohibición fuera sometida a votación. 

Mancha de aceite
Se trataba de proteger la familia, la casa y el jardín más que de una causa planetaria. “Hemos demostrado que el dinero de los petroleros no les permite ganar siempre y que nuestro derecho constitucional a la salud, a la seguridad y a la protección no se vende”, se felicita Michael Belmont, uno de los iniciadores de la campaña. Luego del 6 de noviembre la protesta se ha expandido como una mancha de aceite a las ciudades próximas donde los pozos han surgido como hongos hasta en medio de las urbanizaciones y en las que camiones cisterna proveen de agua a los pozos de fracking.
La revuelta de Longmont no es el primer movimiento anti-gas de los EE.UU. desde que a partir de Texas se han sembrado centenares de miles de pozos en Dakota del Norte, Pennsylvania y Colorado. En su documental Gasland Josh Fox ha filmado el agua que se enciende cuando sale de las espitas en Dimock (Pennsylvania) donde se extrae gas de esquisto. En el Estado de Nueva York, Ladi Gaga y Yoko Ono se han unido a la cruzada.
La iniciativa discreta pero radical de los ciudadanos de Colorado, no tomada en cuenta hasta ahora por los medios, podría alcanzar otras dimensiones luego de los debates de la campaña presidencial. La organización ecologista Sierra Club acaba de iniciar una campaña destinada a ejercer presión sobre la administración de Obama en favor de una reglamentación más estricta del sector, considerado “sucio, peligroso e incontrolable”.
El próximo ataque podría proceder de Promised Land, un film anti fracking. Matt Damon se refiere a un representante de una compañía gasífera encargada de obtener los derechos de perforación de pequeños campesinos golpeados por la crisis. Aún antes de concluido el film ya ha comenzado la polémica: los partidarios del gas de esquisto argumentan que el film ha sido cofinanciado por una sociedad sustentada por los Emiratos Árabes con el objeto de perpetuar la dependencia de los EE.UU, del petróleo extranjero. 

Traducido para Rebelión por Susana Merino

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